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LA VIDA HUMANA

La vida humana necesita de cuidado y protección especiales, tanto antes como después del nacimiento. La prioridad del presente proyecto es velar por el desarrollo integral de las personas por nacer, porque, el derecho a la vida, inherente a cada uno de los habitantes de las naciones del mundo, constituye el eje principal de los derechos humanos y por tanto merece de la decidida atención de los Estados, de las instituciones y de toda la sociedad.

Los derechos de la persona, en su dimensión vital, se refieren a la manifestación primigenia del ser humano: la vida, que es el prius lógico, ontológico y deontológico de todos los demás derechos fundamentales, dado que la vida humana es anterior al Derecho, puesto que sin la existencia humana es una utopía y un sinsentido hablar de derechos y libertades. El ser humano, en consecuencia, es la referencia última de la imputación de derechos y libertades fundamentales. 

Para el hombre, la vida no sólo es un hecho empíricamente comprobable, sino que, además, por ser el hombre un ser cuya conducta es teleológica, guiada por fines, es un derecho, un debitum que le pertenece precisamente por estar vivo. El ser humano es titular de un derecho a no ser privado de su vida ni a sufrir ataques ilegítimos del Estado o de otros humanos. Pero no sólo eso: el poder público y la sociedad civil deben ayudarlo a defenderse de los peligros para su vida (sean naturales o sociales), tales como la insalubridad, el hambre, y otros. 

La normativa internacional, sin ser muy prolija, establece principios rectores y derechos fundamentales sólidos en relación con el tema de la vida humana. 

A modo de enumeración, podemos decir que el valor vida humana encuentra protección normativa internacional en el artículo I de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (que es anterior a la de la ONU), el artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el artículo 2 de la Convención de Salvaguardia de los Derechos del Hombre y de las Libertades Fundamentales (firmado en Roma en noviembre de 1950), el artículo 6 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el artículo 4 del Pacto de San José. 

Este último establece que el derecho a la vida está protegido desde el momento de la concepción, y prohíbe tajantemente imponer la pena de muerte a una mujer en estado de gravidez, lo que constituye una protección directa y, por ende, un reconocimiento pleno, de la personalidad jurídica y real del nasciturus, y de sus derechos. 

Quisiera hacer mención, además, de una convención sumamente importante en la actualidad, de fecha muy reciente. Me refiero a la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1990. En ella, se establece un reconocimiento de la personalidad del nasciturus al decirse, en el párrafo 2 del Preámbulo, que no se puede hacer distinción por razón alguna, entre las que menciona "el nacimiento", y más adelante, cita la Declaración de los Derechos del Niño de 1959, que otorga "debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento". En su artículo 6 se reconoce el derecho a la vida, y en el 24 el derecho a la salud y servicios de salud, entre otros.

…Nadie podrá ser privado de la vida arbitrariamente… (art. 6o PACTO INTERNACIONAL DE DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS que consagra el derecho a la vida, inherente a la persona humana).

…Todo ser humano es persona y comienza su existencia a partir del momento de la concepción… (art. 1.2 y art. 4.1., PACTO DE SAN JOSÉ DE COSTA RICA – CONVENCIÓN AMERICANA SOBRE DERECHOS HUMANOS).

…Todo ser humano tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona… (art.1o DECLARACIÓN AMERICANA DE LOS DERECHOS Y DEBERES DEL HOMBRE).

…Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona… (art.3o DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS).

Éstos son los tratados que rigen legalmente al mundo entero; sin embargo, la realidad que conocemos es lamentablemente otrora: cuarenta cinco millones y medio de abortos inducido en el mundo cada año -en promedio y según estadísticas oficiales- demuestran a qué es capaz el hombre: ¡éste es el balance de su irresponsabilidad!

 

 

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