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DERECHOS HUMANOS VERSUS DERECHO AL ABORTO

En un mundo globalizado e interconectado, las necesidades de unos conforman los deberes de otros. Ha de quedar patente que la dignidad del ser humano necesita reconocimiento y que ha de procurarse con holgura de manera que todos y cada uno dispongamos de la seguridad moral y económica necesaria para una vida sana y plena.

Uno de los problemas más graves del mundo contemporáneo es la exclusión. En una sociedad que se dice globalizada y en un mundo que ha sido testigo de adelantos técnicos nunca antes imaginados, el desarrollo material contrasta de manera dramática con la lacra moral de la marginación y de la exclusión. La historia contemporánea es testigo de graves e injustas desigualdades entre los seres humanos.

El sigo XX nos deja la memoria de las guerras más mortíferas, de las fronteras más rígidas y, sobre todo, nos deja la triste herencia de una persecución nunca antes realizada contra ningún grupo humano: la efectuada contra los niños no nacidos a través del aborto. El aborto es la manifestación emblemática de la exclusión. Si nuestro tiempo agranda la diferencia entre los que tienen y los que no tienen, con el aborto se establece un muro infranqueable entre los que son y aquellos a los que no se les deja ser.

Parece abusiva la imposición sobre nuestros pueblos del criterio de “salud reproductiva”, que ampara la exclusión de nuestros hijos mediante la apología del aborto, y el olvido por parte de los organismos internacionales de la defensa de la vida y de criterios incluyentes alternativos (por ejemplo el derecho al suministro de agua potable y el derecho a la condonación de la deuda). Defendemos la necesidad de que las políticas y campañas globales tengan un refrendo democrático que ampare la dignidad de todos los habitantes de nuestra región y del mundo entero.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en consonancia con su principio básico de que "la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana.

La familia es el entrono propio de lo humano. Somos humanos porque somos familiares y en la medida en que seamos más familiares, más humanos seremos. Por ello, el mejoramiento de la situación y condiciones de vida de las familias debe ser objetivo prioritario de toda acción de gobierno.

La mejor familia es aquella en la que mejor pueden criarse los hijos y es ésta la que debe ser salvaguardada y legitimada por los poderes públicos. Se trata de aquella en la que los padres, varón y mujer, forman un matrimonio en unión permanente de vida y amor al servicio de la prole y de toda la sociedad; la familia es, antes que el estado, nuestra principal seña de identidad como humanos.

Durante las últimas décadas, el derecho a la salud de la mujer, y dentro de ésta a la salud sexual y reproductiva, se ha ido constituyendo en un componente esencial de los derechos humanos, lo cual se ha reflejado en su tratamiento en diferentes conferencias internacionales. En la Primera Conferencia Mundial sobre los Derechos Humanos (Teherán, 1968), se reconoció por primera vez el derecho humano fundamental de los padres a determinar libremente el número de sus hijos y los intervalos entre los nacimientos. Asimismo, en la Conferencia de Población de Bucarest (1974) se reconoció el derecho de las parejas e individuos a determinar el número de hijos y su espaciamiento, y se estableció el papel que debe desempeñar el Estado para garantizar estos derechos. Cabe asimismo destacar la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer (México, 1975), en la cual se reconoció el derecho a la integridad física de la mujer y a decidir sobre el propio cuerpo, incluyendo la maternidad opcional.

Sin embargo, es a partir de las conferencias internacionales que tuvieron lugar entre los años 1992-1996, cuando se da verdadera relevancia a los derechos reproductivos de la mujer. La Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (El Cairo, 1994) y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995) establecieron que la salud y los derechos sexuales y reproductivos son fundamentales para los derechos humanos y el desarrollo. En estas conferencias mundiales de Naciones Unidas, la comunidad internacional reconoció la necesidad de tratar el tema de los derechos reproductivos de la mujer, incluyendo el tema del aborto inseguro. Los compromisos establecidos en El Cairo y Beijing reconocen que el aborto inseguro constituye un problema grave de salud pública en tanto que pone en peligro la vida de un sinnúmero de mujeres, y recomendó que las mujeres que han acudido a su práctica deban ser atendidas de manera pronta y humanitaria. La Plataforma de Acción de Beijing recomendó a los gobiernos el considerar la posibilidad de revisar las leyes que establecen medidas punitivas contra las mujeres que hubieren tenido abortos ilegales. Asimismo, de manera específica, la Plataforma de Acción de Beijing, así como el Programa de Acción de la CIPD, establecieron:

"Se insta a todos los gobiernos y a las organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales a incrementar su compromiso con la salud de la mujer y a ocuparse de los efectos que en la salud tienen los abortos realizados en condiciones no adecuadas como un importante problema de salud pública… En todos los casos, las mujeres deberían tener acceso a servicios de calidad para tratar las complicaciones derivadas de abortos."

Existe la tendencia por parte de Instituciones y ONG’s que promulgan la tal llamada “salud reproductiva”, a efectuar innovaciones en el lenguaje empleado y a reforzar el concepto de aborto como "derecho humano" de la mujer. Una palabra o una frase podrá agravar más o menos este significado; un documento, proviniendo de la ONU está dirigido en su totalidad a forzar el reconocimiento jurídico universal del supuesto "derecho" al aborto.

Si bien es cierto que cualquier iniciativa que intente eliminar la violencia en contra de las mujeres sea justificada y bienvenida; no obstante, en ningún momento se debe aceptar un lenguaje que pudiera indicar el apoyo a los servicios para el aborto. El término "servicios para el cuidado de la salud" nunca deberá ser interpretado para incluir "servicios" de aborto o para la distribución de abortivos.

La resolución hace referencia especial a la firma y ratificación de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW, por sus siglas en inglés), a su Protocolo Opcional, y a la eliminación de las reservas a estos y otros instrumentos. Teniendo en cuenta los "recovecos" y trampas del lenguaje pro-abortista, es especialmente preocupante la mención al Tratado de Roma (Corte Penal Internacional), pues significa que continúa la presión por incluir cualquier oposición al aborto entre los crímenes contra los derechos humanos, punibles por esa Corte Internacional.

"Hoy, la UNESCO se ha comprometido particularmente con el fomento de esfuerzos encaminados a la eliminación de todas las formas de discriminación por medio de la promoción de la equidad de género y la educación de mujeres y niñas. Su labor actual ha surgido de los objetivos presentados en la mencionada Plataforma de Acción de Pekín (1995), la meta del Desarrollo para el Milenio de la ONU de promover la equidad de género y la potenciación de las mujeres, así como la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW) y su Protocolo opcional".

A primera vista, estas metas de la UNESCO lucen muy loables. De hecho, ¿quién podría estar en contra de que las mujeres no sean discriminadas, sobre todo en el campo de la educación? Pero en este lenguaje seductor está escondida toda una agenda a favor del aborto, el lesbianismo, el homosexualismo y otros males.

Aquí hay dos factores que indican el mal camino que se está tomando. Uno de ellos es el término "género". Lo que se intenta promover viene escondido con palabras ambiguas o de significado tergiversado. La palabra "género" aquí no se refiere a los sexos masculino y femenino, sino a toda una ideología diseñada para subvertir el orden natural. En efecto, este término, que fue acuñado en la Conferencia de la ONU sobre la Mujer en Pekín (1995), donde se intentó promover el aborto y el lesbianismo, se refiere a la teoría de que las diferencia entre los sexos no se fundan en diferencias naturales, sino en construcciones sociales. De ahí que sus proponentes hayan elaborado hasta cinco (o más) sexos: hombre, mujer, bisexual, homosexual, lesbiana, etc. La implicación lógica de esta aberrante propuesta es que la persona puede hacer lo que le da la gana con su sexualidad. Aquí entra no solo todo tipo de desviación sexual, sino también el aborto, los anticonceptivos (incluyendo los que son abortivos) y la "educación" sexual hedonista, en este caso, especialmente para las niñas y las adolescentes.

El otro aspecto preocupante que resalta en este párrafo autorevelador de la UNESCO es su promoción de la CEDAW. De nuevo, a primera vista, este documento parece algo muy loable, pues pretende defender los derechos de las mujeres. De hecho, en el texto original no se dice ni una sola palabra sobre el aborto. El problema es que, como ocurre con otros documentos de la ONU, el Comité encargado de su interpretación e implementación está integrado por abortistas. Las conclusiones que podemos sacar de ello son evidentes. El CEDAW puede ser utilizado, y de hecho está siendo utilizado, para presionar a los países en desarrollo y de América Latina que han cometido el grave error de firmarlo, a cambiar sus leyes para permitir el aborto.

La UNESCO ha hecho de las niñas y las adolescentes un blanco particular de su malévola ideología. La prestigiosa agencia noticiosa ACI Digital informó recientemente que "a fines del año pasado (2003), la UNESCO presentó el documento titulado El embarazo no deseado y el aborto inseguro, donde proponía una reforma para hacer el aborto disponible a todas las mujeres y adolescentes sin restricción, sugiriendo incluso que los gobiernos subvencionen abortos y ofrezcan una ‘reparación’ a las mujeres a quienes se les negó el acceso a un aborto, pues ‘debería estar disponible’. El documento también revela la intención de la ONU de ofrecer acceso al aborto a jóvenes de cualquier edad y sin el consentimiento de los padres. ‘En cualquier parte donde la ley lo permita, –dice el documento– los gobiernos deberían garantizar la privacidad de aquellas mujeres que buscan servicios de aborto, sobre todo las adolescentes’".

La gran dificultad es que los derechos reproductivos no están constitucionalizados de forma expresa en la mayoría de los países. En consecuencia, se hace preciso recurrir a otros valores, principios y derechos fundamentales, puestos al servicio de una interpretación maximalista de la libertad. Y aquí radica el principal núcleo del problema que plantean los derechos reproductivos: en la definición y delimitación de su contenido está en juego, en último término, el modo de concebir la integración -armónica o despótica- entre la libertad y la naturaleza humana; entre la dignidad humana y los derechos que le son inherentes, y el libre desarrollo de la personalidad.

No es suficiente la positivización legal de una libertad para que se convierta en derecho, y menos aún en un derecho humano. Se precisa un prius que lo justifique. Una libertad llega a ser un derecho humano cuando al interés legítimo se une un valor universal o moral reconocido como tal por la comunidad internacional. Esto es, debe tratarse de un bien o una facultad que realmente le pertenezca, que le sea debido en justicia. Sólo entonces estamos ante un derecho humano en sentido propio.

Toda planificación familiar, si es coherente con los derechos humanos, debe respetar unos valores universales. El primero es la vida de todo ser humano, lo que exige clarificar con carácter previo si se trata de métodos abortivos o microabortivos. En segundo lugar, la salud de cada uno de los sujetos de la relación sexual o del hijo potencialmente concebido: la protección de este derecho comporta el conocimiento más completo posible de los efectos nocivos de los métodos empleados, así como la reversibilidad o irreversibilidad de los daños causados, de manera que sólo sean empleados con un consentimiento informado. Por último, debe ser respetada la dignidad humana, lesionada cuando se emplean métodos que anulan o reducen la dimensión unitiva del mismo acto sexual.

Desde una perspectiva jurídica, es bien sabido que la norma no asume íntegramente todo el bien moral convirtiéndolo en exigible. Sin embargo, debe formar parte del minimum de la legalidad aquello que es objeto de la justicia. En conformidad con este razonamiento, no puede situarse en el mismo plano jurídico la prohibición de los anticonceptivos y la del aborto. La legalización de los primeros es discutible, pues puede ser admitida como un mal menor; la del segundo no admite ningún tipo de justificación, ya que supone un atentado contra el derecho más básico y fundamental: el derecho a la vida.

Hoy más que nunca es necesaria una ponderada reflexión sobre el comportamiento procreativo humano que asuma hasta sus últimas consecuencias la responsabilidad que comporta su libre ejercicio: están en juego la dignidad humana de los padres y del hijo. Desde esta óptica, no cabe hablar de una libertad procreadora de los esposos omnímoda sino responsable.

"El derecho de toda persona a la vida está protegido por la Ley. La muerte no puede ser infringida intencionalmente a nadie, salvo en ejecución de una sentencia de pena capital pronunciada por un tribunal en el caso de que el delito está castigado con esta pena por la ley" (Título I, Art. 2.1). Convención Europea de Salvaguardia de los derechos del Hombre de las Libertades Fundamentales. (Roma, 4 de noviembre de 1950), firmada por España con fecha 24 de noviembre de 1977, ratificada por las Cortes a 19 de junio de 1979.

Cabe señalar que la ciencia ha confirmado la plena personalidad del niño por nacer. En este sentido, el Dr. Jerome Lejeune (Doctor en Medicina y en Ciencias por la Universidad de la Sorbonne; Fundador de la patología cromosómica humana; Premio Kennedy 1962; Profesor de Genética Fundamental) ha dicho: "Cada uno de nosotros tiene un comienzo muy preciso, el momento de la concepción".

Por eso, los derechos humanos son exigencias elementales que puede plantear cualquier ser humano por el hecho de serlo, y que tiene que ser satisfechas porque se refieren a unas necesidades básicas, cuya satisfacción es indispensable para que puedan desarrollarse como seres humanos. Son unos derechos tan básicos que sin ellos resulta difícil llevar una vida digna. Por ser tan necesarios para la persona se dice que son:

  • ·UNIVERSALES: se le deben reconocer a todos los seres humanos, sin excluir a nadie. Se trata de una exigencias mínimas que se les deben garantizar en reconocimientos de su condición de humanos.
  • ·PRIORITARIOS: en el sentido de que al entrar en conflicto son derechos que tienen que ser protegidos de una manera prioritaria.
  • ·INNEGOCIABLES: ninguna sociedad debe negar la protección de esos derechos a sus miembros. Si, por ejemplo, carece de los medios necesarios para satisfacer en un momento dado lo que vamos a llamar "derechos económicos, sociales y culturales" de todos sus ciudadanos, no puede conformarse alegando que le resulta imposible; ha de esforzarse por conseguir los medios necesarios y por distribuirlos de tal modo que todos vean satisfechos sus derechos.

Además, todas las sociedades tienen que contribuir en el contexto mundial para lograr que se respeten los derechos de todas las personas, sea cual fuera la sociedad concreta a la que pertenezcan. En resumen, los derechos humanos son unos MINIMOS MORALES DE JUSTICIA que deben ser satisfechos, porque sin ellos no se puede construir una sociedad justa ni un mundo en paz y en armonía.

El presente trabajo tiene como objetivo introducir una nueva línea de reflexión y defensa de la vida humana naciente. Presentamos una herramienta más de pensamiento para una estrategia que permite promover y defender la vida y la familia en todo el mundo afin que el Derecho de Nacer sea reconocido por lo que es y por lo que debería ser: el primero de los Derechos Humanos; frente a la legislación de políticas de salud reproductiva que contemplan el aborto.

 

 

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