Cada mujer es la portadora de la plenitud de su vida y tiene la fuerza de alumbrar por sí misma a sus hijos. ¡Y es el padre quien debe recibirlos!...

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Los primeros momentos después del Nacimiento

La entrevista sobre el primer parto no asistido por Marta

El Regalo Supremo de Dios

Cuando encontré por primera vez a Carol de Bowé, fue algo extraordinario. Sus dones de videncia y de curación eran mucho más allá de lo que había podido leer en cualquier libro de maestros y era lo único que me interesaba. No tenía ninguna idea de lo que era un parto natural y la idea de ser padre estaba lejos de mí. Pero a medida que avanzaba solitario en mi camino, Gilbert y Carol, con su auténtico ejemplo como pareja y como padres, me hicieron ver que más allá de los sorprendentes dones que tienen, el amor que les une como familia de luz, era lo más importante. Y ese amor despertó en mí el deseo profundo de ser padre de una gran familia. Hoy, he encontrado a mi verdadera compañera eterna, Marta, mamá de dos hermosos niños, Ezequiel y Rebeca, y juntos hemos creado una familia para recibir a María Isabela, Sol de nuestras vidas. Su nacimiento sagrado transformó día tras día nuestro horizonte gris en un radiante arco-iris, haciendo de nosotros, seres mucho más humanos, unidos en una verdadera familia que espera con alegría la pronta llegada de un nuevo Bebé, de un nuevo Ser. (Juan Salvador Szabados)

Conversando con la pareja Marta Paredes (38 años, Peruana) y Juan Salvador Szabados (38 años, Belga).

¿Cómo les vino la idea de un parto natural?
Marta: Mis dos primeros hijos, Rebeca y Ezequiel (13 años) nacieron en un hospital y fue una experiencia bastante desagradable a tal punto que ya no quería más hijos. Pero he tenido el inmenso privilegio de ver de muy cerca a los hijos de Carol y Gilbert crecer. Era algo extraordinario, algo tan hermoso. Cualquier madre en su fondo, desearía tener hijos así.
Juan: Todo lo que había soñado en mi vida y que nunca había realmente podido palpar, cómo la belleza, la pureza mezclada con inocencia, la fuerza y la libertad sin fín, estaba allí, bailando en cada uno de los hijos de Gilbert y Carol. Era tan poderoso que miré alrededor de mí y dije: eso es el paraíso, ¡Quiero lo mismo!


¿Los hijos de Carol y Gilbert fueron el mejor impulso para dar a luz de manera natural?
Marta: Sí, porque cuando vi el video del nacimiento sagrado de Navidad Carol, sentí en mí la voluntad suprema de parir así a mi próximo hijo, para guardar intacta su energía, su belleza. Sólo tenía que esperar al hombre valiente, capaz de realizar esta gran hazaña junto conmigo.
Juan: Al ver la felicidad y la autenticidad que emanan cada uno de los hijos de Gilbert y Carol, entendí que era una cuestión de honestidad profunda hacia mi hijo de recibirlo en mis brazos a su llegada en la Tierra. Sólo me faltaba encontrar a una mujer que buscaba crear este paraíso tan cerca y tan lejos a la vez.


¿Y se encontraron?
Marta: Sí. Cuando conocí a Juan sentí que él era el hombre que había esperado toda mi vida y me dí cuenta que nuestros sueños eran los mismos, en el sentido de formar una gran familia unidos en el verdadero amor.
Juan: Marta apareció de “casualidad” en mi vida y supe desde el primer instante que era la madre de mis hijos. Lo increíble es que cuando decidí de tener hijos de manera natural, mi destino cambió por completo.

¿Una vez que decidieron tener un hijo así, cómo vivieron el embarazo?
Marta: Bueno, al principio mi mental me hacia tener miedo, que no voy a poder hacer eso, que no voy a tener la fuerza suficiente. Pero al recibir las armonizaciones y guías de Carol y Gilbert, el miedo desapareció. Meditaba todas las noches limpiándome de todas las impurezas que atrapaba en los quehaceres cotidianos. Gracias a la meditación te encuentras a ti misma y sobre todo, ves o sientes lo que quiere el Bebé que crece en tu vientre. Hasta tenia visiones del momento cuando iba a dar a la luz.
Juan: Me acuerdo de momentos de dudas fuertes, como grande vacíos donde quería bucear para escaparme, esconderme de todo, de Marta, de los niños. Pero ver el vientre de Marta crecer cada día, era algo tan fabuloso, tan hermoso. Sentía que mi esposa embellecía y el Bebé, esa vida que se movía cada vez más al contacto de mi mano, me daba un tremendo poder para ir adelante.

¿Hicieron algunos cambios de vida para preparar el parto?
Marta: Si, al cuarto mes de embarazo, nos mudábamos en una casa de campo muy aislada, en la cual me interné completamente para sentir a mí Bebé, para no perder esa conexión. Sólo mi esposo salía a trabajar porque el mundo exterior siempre te hace pensar en muchas cosas inútiles, mientras que la naturaleza, ella, vive el embarazo al unísono contigo.


¿Cómo era la conexión con tu Bebé?
Marta: Sentí que quería llegar a un hogar donde el sea amado y deseado. A veces soñaba que vestido quería, o que ejercicios debía hacer para prepararme al parto.


¿Tu bebé te guiaba?
Marta: Sí, porque a medida que avanzaba el embarazo, me sentía más conectada a él, pues él estaba en mí vientre y eso me fortalecía cada vez más como madre.


¿Hubo momentos difíciles?
Marta: Si, pero las curaciones y armonizaciones de Carol nos ayudaron muchísimo. Sin su sabiduría y su ejemplo hubiera sido imposible de lograrlo. Como verdaderos guías, Gilbert y Carol siempre estuvieron presentes en el momento correcto para darnos la fuerza necesaria.
Juan: Y, además de darnos fuerza, las curaciones de Gilbert y Carol empujaban nuestra voluntad, despertaban en nosotros una más grande atención o vigilancia hacia nosotros mismos. Estábamos cada vez más conscientes a medida que el bebé crecía en el vientre de Marta.


¿Y el parto en sí mismo, cómo fue?
Juan: Me acuerdo que Marta tomó una ducha (afuera) y yo le ayudaba a caminar hacia el lugar que habíamos preparado para el nacimiento, era más o menos las 6hrs de la tarde y empezó a acelerar las contracciones. Los niños estaban sentados, ojos muy abiertos…De allí, todo se desvaneció alrededor de la casa.
Marta: Cuando entré en trabajo de parto me olvidé del tiempo, sólo pujaba con cada contracción, como Carol me lo había indicado. Veía a mis hijos tan cerca y tan lejos a la vez, estaban tan pendientes de todo lo que hacía y a mi esposo, que vivía junto conmigo estos maravillosos momentos, dispuesto a ayudarme en lo que fuera.


¿Pujaste en cuclillas?
Marta: Sí. Pujé en silencio a cada contracción durante horas, hasta que finalmente sentí que el bebé estaba listo para salir. Cuando salió la cabeza del bebé, inmediatamente me acosté, pujé una vez más y salió. Su padre al recibirlo, sintió que era el regalo supremo de Dios para el hombre valiente. El lo puso en mi pecho, todos estábamos extasiados frente a esta maravillosa criatura, y enseguida le di de lactar. Era una noche llena de estrellas, más brillantes que nunca.
Juan: Cuando vi la cabeza del bebé entre las piernas de Marta, pensé: “¡Aquí está el bebé!” Ayudé a Marta a echarse y puse mi mano en la corona del Bebé. Ese momento nunca lo olvidaré. Luego salió el bebé en dos tiempos y mi miedo de que resbale se desvaneció. Entendí que todo era perfecto.


¿Y qué pensaron una vez que nació el bebé?
Juan: Actuábamos sin pensar, todo fluía, todo se hacía de una manera intuitiva. Marta se había transformado en una verdadera guerrera y sus decisiones eran poderosas, espontáneas. Me acuerdo que el bebé era tan tranquilo que lo levanté hacia el cielo: ¡Sí! ¡Mi bebé había nacido!
Marta: Y fue una tremenda sorpresa también, porque estábamos esperando a un varón y vino una linda niña, llamada María Isabela.
Juan: ¡Que dulzura, sentía en mi corazón! Bailaba: ¡Era papá de una niña!


¿Qué hicieron con el cordón umbilical?
Juan: Todos mirábamos con admiración al bebé mamar por primera vez, y después de un tiempo que sientes, vino el momento de cortar el cordón. Ezequiel me dio el cuchillo y la piedra que habíamos limpiado antes con agua hervida. Amarré una soguita fuertemente y corté el cordón umbilical apoyado sobre la piedra. Sólo quedaba en el ombligo del bebé un pequeño pedazo de cordón con la soguita a su final para que no desangre. Y simplemente eché mi saliva en el ombligo para que no se infecte. Cuatro días después del nacimiento, el pedazo restante del cordón con la soguita, se secó y cayó. Eché mi saliva de manera constante hasta que cicatrizó el ombligo por completo.


¿Cómo se sintieron después del nacimiento?
Marta: Fue como si todo alrededor se había desvanecido, éramos solos en el mundo. No había pensamientos, sólo una ternura inmensa invadió nuestros corazones, al darnos cuenta que esta hermosa criatura había llegado para alegrar nuestras vidas y a unirnos en el amor puro y verdadero.
Juan: Era como si la casa flotara en el Universo, sin nadie más alrededor. Éramos uno. Hasta el caballo blanco del vecino que nadie podía acercársele, tan salvaje que era, comía en nuestras manos y se dejó montar por los niños, días después. El había vivido el nacimiento y al igual que nosotros estaba alegre.


¿Cuándo salió la placenta?
Marta: Al tercer día del nacimiento, salió muy fácilmente la placenta y la enterramos en la Madre Tierra para que siempre nos proteja. Fue un momento grandioso, algo silencioso y sagrado.
Juan: Era la primera vez que veía una placenta y me quedé muy impresionado. “¡Dios mío, la madre es tan perfecta!” Pensé. Fue una gran sensación de justicia entregarle a la Tierra, justo en el lugar donde había nacido María Isabela.


¿Cómo reaccionaron Ezequiel y Rebeca al ver el nacimiento?
Marta: Según ellos, fue algo increíble, emocionante, maravilloso. Yo sé que desde aquella experiencia, mis hijos mayores se volvieron más responsables, más amorosos, más tiernos y mucho más generosos. Aprendieron a amar la vida y sobre todo a respetarla.
Juan: Rebeca se puso a dibujar de una manera extraordinaria. El nacimiento de su hermanita despertó en ella el don de la pintura. En cuando a Ezequiel, se volvió mucho más tranquilo y hermoso. Hace poco, le pedí lo que realmente había sentido durante el parto y me respondió: “Pensé que nunca jamás íbamos a pelear.” Al escuchar su respuesta me fui a mi cuarto, con lágrimas en los ojos. Era eso, pensaba.


¿Floreció más el amor con el nacimiento natural de su hija?
Marta: Nuestro amor se consolidó aún más con la llegada feliz de María Isabela, estamos más unidos que nunca como pareja y como padres. Queremos que nuestros hijos crezcan en un ambiente de mucho amor y respeto el uno con el otro.
Juan: La forma en la cual hemos vivido el nacimiento de María Isabela, desnudos físicamente, emocionalmente, psíquicamente, abandonándonos el uno en el otro, y al final, sin nada más que la esperanza de dar la vida en el amor, nos ha abierto el corazón oxidado.


¿Cual fue la diferencia entre parir en cuclillas y parir en el hospital?
Marta: ¡Realmente la diferencia es abismal! En el hospital me decían para no pujar cuando venían las contracciones y estaba acostada en una cama, rodeada de extraños, mientras que el parto natural fue la experiencia más maravillosa que pude experimentar como madre, porque estuve rodeada de mucho amor de mi esposo y de mis hijos y pujaba a cada contracción, pujaba olvidándome del tiempo y del espacio.


¿Y María Isabela?
Marta: Es el Sol de nuestras vidas. En la calle mucha gente se voltea admirada por su presencia llena de vida, su luminosidad. Algunas personas nos hablan espontáneamente. Y yo pienso en mi misma: pero ustedes también podrían tener un hijo así, sólo hay que parir en cuclillas y recibirlo con amor, cuando llega a este mundo.
Juan: Gracias a su nacimiento sagrado, María Isabela tiene un amor y una confianza infinita con sus padres. Y eso es el verdadero milagro.

 


 

 

 

 

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