Cada mujer es la portadora de la plenitud de su vida y tiene la fuerza de alumbrar por sí misma a sus hijos. ¡Y es el padre quien debe recibirlos!...

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Apostando por la crianza natural de los hijos

Actualmente muchas mujeres están intentando recuperar su papel protagonista durante el parto, adoptando posiciones más confortables y empleando métodos naturales que les permitan mantener el control y hacer de esta experiencia un hecho realmente gratificante para ellas, sus hijos y sus parejas. El parto vertical y el parto en el agua son dos de las opciones que muchos consideran como el principio de una elección vital: inclinarse por una crianza natural de los niños. La lactancia materna es el segundo paso.

El parto vertical es la primera de las alternativas. De hecho, para muchos especialistas esta posición es la más natural. La mujer está hecha para parir de pie. Cuando se acuesta la pelvis se aplana y el canal de parto se hace rígido. En opinión de los expertos la posición vertical evita infecciones debido a que si se rompen las membranas los líquidos fluyen; permite que la cabeza del bebé se apoye en el anillo cervical y la madre dilate más rápido; facilita la oxigenación porque la aorta está menos comprimida; hay menos posibilidades de hemorragias porque la vena cava está menos presionada; las contracciones aumentan, lo cual significa que el parto es más rápido; y el nervio presacro se ve más liberado, disminuyendo los dolores.

Por lo que respecta al parto en el agua el consenso es amplio. El uso del agua como recurso de relajación durante el parto y el nacimiento acuático mismo, contribuyen intensamente a modelar un contexto que contrasta con la experiencia desagradablemente común de miedo que viven numerosas mujeres en las maternidades públicas y privadas.

El método es sencillo. La bañera se llena con agua filtrada o potable a un nivel de 6 a10 centímetros, y a una temperatura de 37 grados centígrados. La parturienta se sumerge generalmente cerca del momento del nacimiento. Una vez expulsado del útero, el recién nacido es extraído suave y calmadamente del agua y colocado en el regazo de la madre, donde luego de unos pocos segundos, el padre corta el cordón umbilical.

El entorno líquido favorece que la madre tenga la sensación de seguridad necesaria para mantener el control durante el proceso. Se convierte en un mecanismo de ahorro de energía, alivio del dolor y de relajación. Sin embargo, no todas las mujeres pueden parir en el agua. Hay a quienes se les facilita el trabajo del parto estando en la bañera; mientras que a otras no. Pero en términos generales el agua es un buen recurso para relajar.

Normalmente no es conveniente realizar un parto en el agua cuando las membranas se han roto prematuramente, pues existe la posibilidad de una infección ascendente hacia la vagina, aunque esto no está comprobado. Hay quienes también afirman que en el parto vertical existen posibilidades de infección por la cercanía de la madre al suelo durante el proceso. Sin embargo, nunca se han visto infecciones causadas por esta vía. Los riesgos que se corren durante un parto natural son los mismos que comúnmente pueden surgir aplicando otros métodos. No hay una incidencia significativa de infecciones en los bebés de acuerdo a lo que he investigado.

Además, los defensores del parto natural no se cansan de repetir que éste permite a la madre la posibilidad de darle pecho rápidamente a su hijo, lo cual significa la oportunidad de transmitirle suficientes anticuerpos a través de la primera leche segregada o calostro.

Para que un parto natural se realice sin problemas existen una serie de condiciones: el médico debe brindar su apoyo emocional y físico a la madre de acuerdo a sus requerimientos; la intimidad debe ser absoluta; es necesaria la presencia de una enfermera o matrona y del padre; la pareja debe haber asistido a un curso de preparación prenatal; el ambiente debe tener una temperatura de 37 grados centígrados y si se usa agua, debe ser potable, su temperatura no mayor a 37 grados centígrados y el nivel entre 6 y 10 centímetros.

Para la madre las ventajas del parto natural son muchas. Disminuye la percepción del dolor; el uso del agua provoca el reblandecimiento de los tejidos, lo cual evita desgarres perineales, ejerce un importante efecto relajante y reduce la compresión de los tejidos y del abdomen; favorece la circulación sanguínea del útero y la oxigenación del bebé; se facilita la dilatación cervical y la expulsión rápida del bebé; y produce una sensación de confort, intimidad, privacidad y seguridad.

En el caso del bebé, le permite salir al mundo exterior con menos posibilidades de traumas; no le afecta el uso de medicamentos, al no aplicarlos en la madre; no es separado de su madre; inicia precozmente la lactancia; e incluso ciertas corrientes dentro de la psicología han llegado a asegurar que el parto sin traumas permite a los individuos lidiar posteriormente con los conflictos sin violencia.

Por Pilar Muñoz www.mujeractual.com

 


 

 

 

 

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